Subio al autobús, como cada mediodia pero esta vez incluso la paciencia del buen conductor noto su tardanza a la hora de seguir el trayectorio normal de cualquier otra persona, subir, no saludar, picar, andar y con suerte sentarse. Pero no ella hablaba bajito, buscaba y rebuscaba en su enorme bolso pero nada, parecia que no aparecia.
-Tranquila, yo te pico.
No hicieron falta palabras, ni siquiera un gracias... con esos ojos turbios por la edad y esa sonrisa dibujada en su piel de papel de seda arrugado fueron la respuesta.
Se sentó delante y siguió buscando y buscando en su enorme bolso, pero esta vez pareció si encontrar lo que buscaba, me tomo la mano y los puso delante de mi. Sonrió y se bajo.
No tendría porque haberlo hecho, tan siquiera necesitaba un gracias un pique de autobus era algo que mi economía podia soportar, pero ella lo agradeció y lo hizo de la manera más dulce que pudo.
Y es que a veces las mejores palabras son una sonrisa
Mola, mola mucho...
ResponderEliminarHace falta mas gente en el mundo asi..