miércoles, 16 de febrero de 2011

Con sabor a chocolate.

Puede que ella ni tan siquiera me recuerde, pues sus arrugas en la piel sabian a despiste, despiste de lo poco importante porque con tantas primaveras como ella vestia los recuerdos se peleaban por seguir bajo esos cabellos blancos perfectamente cuidados.
Subio al autobús, como cada mediodia pero esta vez incluso la paciencia del buen conductor noto su tardanza a la hora de seguir el trayectorio normal de cualquier otra persona, subir, no saludar, picar, andar y con suerte sentarse. Pero no ella hablaba bajito, buscaba y rebuscaba en su enorme bolso pero nada, parecia que no aparecia.
-Tranquila, yo te pico.
No hicieron falta palabras, ni siquiera un gracias... con esos ojos turbios por la edad y esa sonrisa dibujada en su piel de papel de seda arrugado fueron la respuesta.
Se sentó delante y siguió buscando y buscando en su enorme bolso, pero esta vez pareció si encontrar lo que buscaba, me tomo la mano y los puso delante de mi. Sonrió y se bajo.
No tendría porque haberlo hecho, tan siquiera necesitaba un gracias un pique de autobus era algo que mi economía podia soportar, pero ella lo agradeció y lo hizo de la manera más dulce que pudo.
 



Y es que a veces las mejores palabras son una sonrisa


1 comentario:

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